Resumiendo someramente lo que ya expusimos con amplitud en el nº 76 de la revista recordaremos que los elementos fundamentales sobre los que se basa el tratamiento del par biomagnetico son el pH del organismo, el papel que juegan en él los microorganismos en la aparición de enfermedades, la existencia de una serie de puntos energéticos en el cuerpo que están relacionados entre sí -como los dos polos de una pila- y el uso de campos magnéticos provocados por imanes de una potencia superior a 1.000 gauss.

Como en su día explicamos cada órgano y tejido del organismo tiene un grado de acidez o alcalinidad. Y el pH global del mismo se sabe midiendo la concentración de hidrógeno -es decir, el potencial de hidrógeno, lo que abreviadamente conocemos como pH- en saliva, orina o sangre. Se trata de un dato útil porque la mayoría de las personas enfermas tienen un exceso de iones electropositivos (toxinas, radicales libres…) que acidifican las células, los órganos, la sangre y las secreciones. Pues bien, el pH de una persona sana es de 7.35, es decir, ligeramente alcalino (se considera neutro un pH de 7). Sin embargo, la mayor parte de las personas enfermas tienen un pH que oscila entre 6.0 y 7.0 (de ácido a neutro). Y cuanto más enferma se encuentra más ácido suele ser su pH. Por eso las personas con cáncer terminal o metástasis masiva tienen por lo general un pH muy ácido (entre 5.5 y 6.0) y cada vez más investigadores apuntan que en realidad la acidificación orgánica es la auténtica raíz de todas las enfermedades.

Hecha esta introducción explicaremos que, convencido también de que eso es así, Goiz comenzó a valorar hace ahora 20 años las teorías de Richard Broeringmeyer sobre la validez de las terapias energéticas, su Terapia Polar y la importancia del pH en la salud. Éste había descubierto que los campos magnéticos permiten descubrir el pH interno de los órganos mediante unos sencillos tests musculares de Kinesiología que se basan en el principio de respuesta muscular inteligente descubierto por el Dr. George Goodheart en los años sesenta. Es decir, el test -que es el que usa hoy el Dr. Goiz y sus discípulos- permite conocer el estado de acidificación de cualquier parte del organismo con un simple imán de potencia suficiente. Basta colocarlo en la parte derecha del cuerpo e ir desplazándolo lentamente por encima porque cuando debajo hay una zona ácida la pierna derecha se encoge instintivamente uno o más centímetros. Y, por el contrario, si lo que hay es una zona demasiado alcalina la pierna se alarga.

Posteriormente Goiz, gracias a su experiencia clínica diaria, acabaría constatando que la dualidad que marca toda la vida (vigilia-sueño, día-noche, norte-sur, yin-yan, ácido-base, etc.) también se da a nivel orgánico. Y que a cada punto-órgano-tejido donde se da una situación de acidez le corresponde de manera automática otro punto-órgano-tejido (siempre el mismo) con un desequilibrio similar en intensidad de alcalinidad. Ello le permitió con los años llegar a la constatación práctica de la existencia en el cuerpo de más de 200 pares biomagnetico que además se corresponden con patologías diferentes -desde la gripe al cáncer- y no tienen nada que ver con lo conocido por la medicina convencional ni por la Medicina Tradicional China. No se trata pues de los nadis y meridianos energéticos. Asimismo descubrió que cada par se asocia a una patología y, a la vez, a determinados microorganismos. Verificando luego que en el polo “positivo” de entorno ácido se acumulan los virus y los hongos mientras en el polo negativo de entorno alcalino se encuentran las bacterias y parásitos. Y que en cada patología están presentes los mismos microorganismos patógenos conformando siempre el mismo par. En otras palabras, cada enfermedad tiene su correspondiente par y sus microbios.

El último paso que dio Goiz fue aprender cómo afrontar las enfermedades sabiendo todo esto. Y descubrió que podía hacerlo aplicando en los “polos” de cada par unos imanes de potencia superior a 1.000 gauss. Basta situar el polo positivo del imán en el polo positivo del par y el polo negativo en el par negativo. Ello crea una corriente magnética que empuja las cargas positivas contra las negativas hasta neutralizarse. Lo que igualmente neutraliza el pH y acaba con los microorganismos promotores de la correspondiente patología.

Cabe agregar que si una persona padece varias patologías los imanes deberán colocarse en cada uno de los pares detectados. De veinte a treinta minutos por sesión son suficientes. Y si bien muchas veces basta con una sesión otras requieren tres o cuatro.

Claro que aunque todo parece muy simple lo cierto es que hay que saber dónde se halla cada par, cuál es el polo positivo y cuál el negativo en cada uno de ellos y qué microorganismos hay en ellos relacionados con cada patología.